Los besos tienen sorprendentes beneficios. Más allá de ser una forma de demostrar nuestros sentimientos y pasiones, la realidad es que los besos traspasan lo emocional y tienen también una serie de efectos que benefician a nuestra salud física y psicológica y son varios los estudios que así lo certifican.
Es frecuente escuchar que besar nos hace más felices. Esto es porque los besos ponen en marcha la serotonina, la dopamina y la oxitocina, es decir, las hormonas responsables de que estemos más contentos y de mejor humor. Pero es que además, a los besos se les atribuye también la capacidad de reducir la tensión arterial. Esto es porque al besar, se dilatan los vasos sanguíneos y se aceleran los latidos del corazón lo que favorece a bajar la presión arterial y el riego sanguíneo.
En el caso de los besos más apasionados, nos pueden servir también para quemar calorías, entre 8 y 16 calorías por beso, concretamente.
Estos serían algunos de los efectos positivos de los besos, pero la realidad es que este simple gesto también incluye el intercambio de bacterias con la otra persona al producirse un traspaso de saliva. De hecho, estudios recientes apuntan a que los besos pueden llegar a transmitir alrededor de 80 millones de bacterias entre dos personas.
Y, aunque no todas son bacterias malas, algunas como las que causan las caries o la gingivitis, sí lo son y pueden perjudicar la salud bucodental de nuestra pareja. Es por esto que a muchos pacientes les surge la duda de si la gingivits se puede contagiar. A priori, la respuesta sería sí, pero que no cunda el pánico, esta inflamación de las encías no se contagia de la misma forma ni con la misma facilidad que puede hacerlo el virus de la gripe.
Que el contagio ocurra depende de varios factores
Predisposición genética
La gingivitis no es genética, pero sí lo es el riesgo a contraerla. Es decir, hay personas –o familias– que tienen una mayor tendencia a sufrir este tipo de enfermedades. El inconveniente es que este es un factor ajeno que nos hace más vulnerables al contagio de la gingivitis.
Tabaco y alcohol
Los malos hábitos alimenticios y de salud no le hacen ningún bien a nuestra boca, pero se podría decir que el tabaquismo y el alcohol son los grandes enemigos de nuestras encías. Ambos elementos dañan nuestra boca y nos hacen más vulnerables frente a este tipo de enfermedades.
Cambios hormonales
Las mujeres son más propensas a sufrir gingivitis en dos etapas de su vida, la adolescencia y durante la menopausia. Además, hay que extremar el control durante los embarazos, ya que es otro momento en el que se produce un cambio hormonal intenso.
Mala higiene bucal
Las personas que tienen gingivitis y que, además, no siguen unas estrictas normas de higiene dental suponen un factor de riesgo para la otra persona y, también para ellos mismos, ya que pueden empeorar su gingivitis y dificultan la eficacia del tratamiento. Extremar la limpieza bucal es fundamental en estos casos.
Dicho esto, es importante recordar que el contagio de la gingivitis no es un peligro que debamos teme. Además, es fácil prevenir el contagio de la gingivitis: un cepillado profundo, el uso frecuente de hilo dental y visitar al dentista con frecuencia, son tres pasos que pueden ayudarnos a mantener la gingivitis alejada.